Ayer inauguró en el MNBA de Neuquén el VII Premio Nacional de Pintura 2013 organizado por el Banco Central de la república Argentina y debo reconocer haber vivido un sentimiento muy parecido a la satisfacción. Una sensación que había perdido hace por lo menos una década. Fecha cuando de a poco los salones, bienales, concursos, etc. fueron degradándose hasta convertirse en una experiencia vacía en forma y contenido.
Pero algo está pasando. Los señores del jurado al parecer se han cansado de seleccionar y premiar expresiones insulsas donde la diversidad -por ejemplo- estaba vedada. Por lo que vimos ayer, la pintura nuevamente es reconocida como una manifestación de talento y la multiplicidad de expresiones encuentra un lugar de honor donde exhibirse. Como se suele decir, había para todo los gustos.
De los premios y menciones no me gustó ninguno, pero en el resto encontré pinturas muy interesantes y agradables. Es de esperar que este cambio de actitud sea imitado y con el tiempo –los que amamos el arte no como expresión mercantil- vuelva a ser un espacio que genere algo más que un sentimiento de satisfacción. El arte debe maravillar y los artistas deben demostrar que son personas elegidas por su talento. Es bueno que algunos lo estén comprendiendo.
De los premios y menciones no me gustó ninguno, pero en el resto encontré pinturas muy interesantes y agradables. Es de esperar que este cambio de actitud sea imitado y con el tiempo –los que amamos el arte no como expresión mercantil- vuelva a ser un espacio que genere algo más que un sentimiento de satisfacción. El arte debe maravillar y los artistas deben demostrar que son personas elegidas por su talento. Es bueno que algunos lo estén comprendiendo.